miércoles, 5 de marzo de 2014

Miercoles de ceniza



La Cuaresma inicia con la imposición de la ceniza y la penitencia (ayuno y abstinencia). La ceniza se usaba ya desde el Antiguo Testamento como signo penitencial (cfr. Jb 42, 6), inspirándose en Gn 2, 7: "Dios formó al hombre con polvo de la tierra", y en Qo 3, 20: "Todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo". En los primeros siglos del cristianismo la imposición de la ceniza era gesto del camino cuaresmal de los "penitentes". Pero a partir del siglo X fue común para toda la comunidad. Las fórmulas de la imposición de la ceniza se inspiran en Gn 3, 19: "Recuerda que polvo eres y al polvo volverás", y en Mc 1, 15: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio".

La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor del año anterior, siguiendo una costumbre del siglo XII. Los creyentes reciben o se imponen ellos mismos la ceniza en señal de arrepentimiento y penitencia, recordando que esta vida temporal, con todo y sus sufrimientos terminará, y que después de ella Dios nos invita a la alegría eterna del Cielo, para lo cual es necesario arrepentirnos, es decir, quitar las cadenas del pecado que no nos permiten avanzar, y creer en el Evangelio, que es Jesús, quien nos invita a vivir plenamente aquí en la tierra y eternamente en el Cielo, amándolo a Él y al prójimo.